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El pasado 28 de junio, nuestra asociación reconoció públicamente la labor realizada por los 4 magistrados salientes de la Sala de lo Constitucional.

Como lo dijimos en nuestro evento, estamos a semanas de cerrar un histórico capítulo en la vida democrática de nuestro país; un capítulo que se inició hace aproximadamente nueve años, cuando en medio de algunas tribulaciones políticas y en el contexto de una negociación ocurrida dentro de las paredes de casa presidencial, los representantes de los partidos políticos cometieron un error del que muy pronto se arrepentirían: tomaron la decisión de elegir a 4 profesionales que desde el primer día darían muestras de su férreo compromiso con el estado de derecho, la institucionalidad, la independencia judicial y la transparencia.

Los electores de ese entonces han reconocido que jamás avizoraron que estaban eligiendo a 4 personas que, con innegable valentía, procederían a cambiar para siempre, la justicia constitucional en nuestro país.

Como en ese mismo evento dijera uno de nuestros expresidentes, hace nueve años se advertía una grave amenaza a la institucionalidad en nuestro país, y por sobre todo en lo que atañe a nuestra profesión, un grave deterioro de la institucionalidad en la Corte Suprema de Justicia, por virtud de los acontecimientos de esos días, que ponían en peligro los resultados del sacrificio de muchos salvadoreños que ofrendaron sus vidas en la época del enfrentamiento armado.

La majestad de la justicia estaba desapareciendo, la dignidad de la judicatura y la magistratura también; las nuevas generaciones de abogados estaban careciendo de ejemplos o paradigmas a seguir; nadie se acordaba ya de magistrados patriotas que han pasado por la Corte Suprema de Justicia y por algunos tribunales del país; nadie leía –por haber ido desapareciendo paulatinamente- piezas jurisprudenciales de alta valía jurídica.

Lo que viejos y jóvenes abogados veíamos por esos días, era un triste espectáculo de la justicia; una profanación del más alto claustro judicial; y una rentabilidad deficitaria de la administración de la justicia.

Pero en la medida que pasaban los meses del inicio de la gestión de estos 4 magistrados, fuimos advirtiendo una reivindicación de la dignidad de la magistratura, de la majestad de la justicia y de una renovada expresión del máximo tribunal: una jurisprudencia de elevado contenido jurídico y académico y de un alto sentido del temperamento judicial.

Fieles a nuestros estatutos, no fueron pocos los casos en que, desde este mismo espacio de opinión, manifestamos nuestro desacuerdo con algunas decisiones adoptadas, pero siempre reconocimos la presencia de un profundo contenido jurídico en cada una de ellas, y siempre valoramos la independencia que, con las mismas, quedaba en evidencia.

Temas relacionados con derechos humanos, derechos sociales, sistema electoral, elección de funcionarios, transparencia, justicia y seguridad, entre otros, fueron decididos en estos nueve años, generando líneas jurisprudenciales que ahora deben servirnos para seguir construyendo nuestro Estado de derecho y fortaleciendo nuestras instituciones. Nuestro énfasis en la independencia judicial se ha visto reforzado precisamente por lo que esta Sala ha realizado.

Magistrados Florentín Meléndez, Belarmino Jaime, Sidney Blanco y Rodolfo González: nosotros sí reconocemos y apreciamos lo que han hecho por este país; nos devolvieron la majestad de la justicia. Les deseamos éxitos en sus nuevos proyectos personales y profesionales.